¡En todas aquellas cosas que hacemos para el Señor en la iglesia, necesitamos primero detenernos y tener comunión!

Esta mañana fui impresionado con estos principios sencillos del Cuerpo de Cristo tal como se revelan en 1 Co 12:24:

Porque los que entre nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios concertó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba.

¿Qué significa que “Dios concertó el Cuerpo”? Pues que Dios ha ajustado el Cuerpo, lo ha armonizado, templado y mezclado. Ser compenetrado, mezclado, literalmente significa perder todas las distinciones individuales. Algunos podemos ser rápidos según nuestra inclinación natural, otros más lentos, pero a través de la compenetración del Cuerpo todos pierden sus distinciones (lo que los hace diferentes) y son templados (moderados, entremezclados). En la vida del Cuerpo, tanto esa rapidez, como aquella lentitud son quitadas. En esta entremezcla y compenetración de los miembros en el Cuerpo, cualquier distinción entre nosotros es quitada, desaparece: Cualquier diferencia cultural, de carácter natural o racial… Para que seamos apropiadamente compenetrados y templados en la vida del Cuerpo, tenemos que pasar por la cruz y vivir por el espíritu, impartiendo Cristo a otros por el bien del Cuerpo de Cristo. Todos necesitamos aprender a ser crucificados. Lo que hagamos en el Cuerpo debe ser por el espíritu para la impartición de Cristo. De igual modo, todo cuanto hagamos no debe ser para nuestro interés o propósito propio, sino para la iglesia.

Esto nos muestra que necesitamos tener más comunión. Necesitamos tener comunión siempre que hagamos algo o estamos por ir a algún sitio o por hacer alguna cosa. ¡Tened comunión acerca de todas las cosas en la vida de iglesia! Hemos de tener comunión con los santos con los que coordinamos. La comunión nos modera y limita; nos ajusta y armoniza, y hace que nos compenetremos los unos con los otros. La comunión logra de una manera práctica aquello que Dios quiere hacer en el Cuerpo. La comunión es la compenetración de los miembros. No hagamos nada en la vida de iglesia, no importa lo simple o rápido que esto sea, sin tener comunión con los otros santos que coordinan con nosotros. La comunión requiere que nos detengamos cuando estamos a punto de realizar algo: Detenernos y tener comunión. Usted pudiera pensar que no necesita a nadie más para hacer algo para el Señor o para llevar algo a cabo en la vida de iglesia ya que es tan sencillo ocuparse de cierto asunto, sin embargo, aún en ese caso ¡detengámonos y tengamos comunión! En nuestra coordinación en la vida de iglesia y en la obra del Señor, todos necesitamos aprender a nunca hacer nada sin comunión. Cuando tenemos comunión obtenemos muchos beneficios: Recibimos la ayuda que tanto necesitamos de parte de otros miembros del Cuerpo; somos moderados, restringidos, estimulados, suministrados, compenetrados, ajustados y armonizados… estamos siendo edificados con los demás en el Espíritu como Cuerpo de Cristo. La comunión en el Espíritu con los demás edifica el Cuerpo de Cristo en la práctica.

Algunas veces en las reuniones sucede que venimos juntos sin tener mucha compenetración simplemente porque todos permanecemos en nosotros mismos. Nos encanta estar en nosotros mismos, así que esperamos que otros hagan o digan algo, y tenemos miedo de ofender a otros o de cometer algún error. Por esta causa nos quedamos quietos y en silencio. ¡PERO estas actitudes y reacciones son de la carne, de acuerdo a la manera natural! ¡Cuando nos reunimos necesitamos aprender a negarnos, a experimentar la cruz que nos termina y a ejercitar nuestro espíritu! ¡Ejercitemos nuestro espíritu para seguir al Espíritu, para impartir a Cristo y para decir o hacer algo con vistas a la edificación del Cuerpo de Cristo! Cuando todos hagamos esto; cuando todos nos abramos al Señor para ser tratados por Él; cuando todos permanezcamos en la cruz y ejercitemos nuestro espíritu para funcionar y tener comunión, esto cambiara el ambiente, la atmósfera en nuestra vida de iglesia y será para el beneficio del Cuerpo de Cristo. No se trata de gritar, hablar mucho o seguido. Tampoco tienen nada que ver con mantener las formas y ser tímido o correcto. Es una cuestión de ser templados por el Señor, no de actuar o vivir según nuestra inclinación natural sino de acuerdo con el Espíritu en nuestro espíritu que se extiende por nuestra alma, enriqueciendo y elevando las facultades creadas por Dios para edificar el Cuerpo de Cristo. De este modo, podemos estar en armonía y podemos tener un acuerdo porque somos templados y las distinciones se han ido.[read this portion in English also via, in all the things we do for the Lord in the church, we need to stop first and have fellowship!]

¡Oh, Señor, compenétranos! ¡Edifícanos, Señor, con los otros santos! ¡No permitas nuestra independencia, sino que de acuerdo a Tu plan restríngenos y entremézclanos! Recuérdanos, Señor, que en todo hemos de tener comunión. No queremos seguir siendo los mismos y hacer las cosas en o por nosotros mismos, sino que queremos ser templados. ¡Señor, necesitamos ser ajustados! ¡Hazlo en nosotros, Señor, al detenernos para tener comunión!

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  1. […] hambre. No cometer el error de los de Laodicea en Apocalipsis 3:17, que pensaban que eran ricos. Tenemos que venir a Él y comprar colirio (Ap. 3:18) para que nuestros ojos sean abiertos y le podamos disfrutar de una manera nueva y fresca […]

  2. […] He ido a visitar un grupo de santos e iglesias en Latinoamérica el mes anterior. A mi llegada percibí que la situación política allí era muy complicada; la pobreza material era profunda y la capacidad de moverse geográficamente era muy limitada para ellos. Uno de los santos fue a esperarme a la estación cuando llegué. Me ofreció transportación y guía en la ciudad. Yo estaba tratando de moderar mis peticiones y necesidades personales para molestar lo menos posible. El hermano lo percibió y me dijo mirándome fijo a los ojos: “No, santo, no te preocupes por nada, todo está bien, ten paz”. También recordé el himno que dice: “Ten paz, todo está bien / ten paz, todo está bien”. Tuve paz del Señor (1Tim 1:2). Yo estaba siendo perturbado por los asuntos externos. Estaba siendo superficial, viendo algo más que no era Cristo. Este hermano me hizo regresar a la realidad de Cristo y a la paz de la comunión del Cuerpo. ¡Aleluya! Fui salvo de la independencia y la justicia propias de mi ser natural, hacia Cristo. […]

  3. […] veces amargas para nosotros. Inclusive, a veces ¡nosotros mismos somos amargos! Es por ello que necesitamos venir al Señor diariamente y aplicar la cruz de Cristo a nuestro ser, ¡para que la amargura se convierta en agua dulce y […]

  4. […] propias opiniones, hablamos y bromeamos acerca de cosas espirituales de manera muy ligera, lo que puede ofender al Señor. Algunas veces no nos percatamos absolutamente de esto. En estos casos el Señor pudiera permitir […]

  5. […] de las cosas más tristes para un cristiano es llegar a cierta edad de su vida y no ser edificable – él no puede ser edificado, no está edificado y no puede ser edificado juntamente con otros. […]