Ejercer la primogenitura del disfrute de Cristo, y ser sacerdotes y reyes para Dios

¡Necesitamos ser reyes y sacerdotes para Dios hoy!

¡Necesitamos ser reyes y sacerdotes para Dios hoy!

Al inicio de la Biblia vemos que Dios creó al hombre a Su imagen, conforme a Su semejanza para que el hombre lo expresara y lo representara. El hombre tiene la primogenitura para disfrutar a Dios, expresar a Dios y representar a Dios.

Pero el hombre perdió esta primogenitura cuando cayó, al ser independiente de Dios y escuchó a Satanás. Desde entonces el hombre es caído. Ahora todos nacemos en pecado y no conocemos la primogenitura ni la ejercemos.

En los viejos tiempos, Dios escogió un pueblo – Israel – que poseyera la primogenitura, es decir, un pueblo que disfrutara Su presencia y fueran sacerdotes y reyes. Este pueblo finalmente fracasó ante Dios en este cometido por causa al no creer en Jesucristo, el Hijo de Dios.

En este momento la primogenitura ha sido transferida de Israel a la iglesia, la cual se compone de los pecadores que se han arrepentido y han creído en Jesús. Nosotros, que somos estos pecadores, tenemos la primogenitura para disfrutar a Dios, ser llenos de Dios, expresar a Dios y representar a Dios. 

Hoy todos los creyentes verdaderos en Cristo son la iglesia de los primogénitos (Hebreos 12:23), los que poseen la primogenitura del disfrute de Cristo como la buena tierra todo-inclusiva y son sacerdotes y reyes para Dios.

Sin embargo, necesitamos estar muy alertas para no ser como Esaú, que vendió su primogenitura por un plato de comida (Hebreos 12:16). Ya que Esaú descuidó y menospreció la primogenitura, la doble porción de la tierra, el sacerdocio y el reinado no fueron entregados a él y a sus hijos, sino a Jacob y su descendencia.

No debemos ofender a Dios en Su economía neotestamentaria al retroceder al judaísmo, siendo religiosos en relación con Dios y los hombres, o amando al mundo y sus placeres. En lugar de esto, debemos ejercer nuestra primogenitura hoy mediante el disfrute del Cristo todo-inclusivo como nuestra porción asignada de la buena tierra y al tener un adelanto de las bendiciones del reino venidero.

Necesitamos ejercer nuestro sacerdocio al contactar al Señor, disfrutarlo y ministrarlo, para en la práctica ser Sus sacerdotes hoy, y en el reino. Necesitamos ejercitar nuestro espíritu para gobernar sobre nuestro yo, nuestra carne, nuestro ser natural completo, y sobre el enemigo con todo su poder de tinieblas hoy, y de este modo ser co-reyes con Cristo y gobernar las naciones con Él en Su reino.

¡Aleluya, tenemos el privilegio y la responsabilidad de disfrutar y ejercer nuestra primogenitura hoy, para disfrutarla y ejercerla en la era del reino por venir!

No vender la primogenitura sino disfrutarla como parte de la iglesia de los primogénitos

Hebreos 12:23 A la iglesia de los primogénitos...

Hebreos 12:23 A la iglesia de los primogénitos…

Mediante la regeneración llegamos a ser hijos de Dios y obtenemos la primogenitura. Tenemos el derecho de disfrutar a Dios, y ser los sacerdotes y reyes para Dios; expresar a Dios y representarlo en la tierra.

Sin embargo, necesitamos la advertencia con respecto a no ser como Esaú, que a pesar de ser el primogénito, menospreció su primogenitura y cedió su derecho por una comida (ver Hebreos 12:16).

La primogenitura de Esaú como el primer nacido de Isaac incluía la doble porción de la tierra, el sacerdocio y el reinado. No obstante, él procedió de manera profana al ceder su primogenitura. La doble porción de la tierra pasó a José (es decir, a sus hijos, ver 1 crónicas 5:1-2), el sacerdocio pasó a Leví (Deuteronomio 33:8-11) y el reinado fue asignado a Judá (Génesis 49:10; 1 Crónicas 5:2).

En cuanto a los creyentes hebreos, ceder o vender la primogenitura, consiste en regresar al judaísmo. Para nosotros hoy, ceder la primogenitura consiste en creer en el Señor Jesús y aún así ofender a Dios en Su economía neotestamentaria, al permanecer en la religión o conducirnos de manera religiosa. La religión es contraria a la economía de Dios, de la misma manera que el mundo y las cosas pecaminosas.

¡Debemos ver que estamos en la iglesia de los primogénitos (Hebreos 12:23)! Somos cristianos, hombres nacidos de Dios, las primicias de Sus criaturas, que Dios ha cosechado en Su creación (Jacobo 1:18). En este sentido, nosotros como creyentes en Cristo somos los hijos primogénitos de Dios, y la iglesia es la iglesia de los primogénitos.

¡Por ser el primogénito, nosotros tenemos el derecho del primer hijo – la primogenitura es nuestra por nacimiento! No tenemos que “trabajar para obtenerla”; simplemente al ser hijos de Dios, tenemos la primogenitura para disfrutar a Dios, ser llenos de Dios, expresar a Dios y representar a Dios como sacerdotes y reyes para Dios.

Como hijos primogénitos de Dios, tenemos la primogenitura, que incluye la herencia de la tierra (Hebreos 2.5-6), el sacerdocio (Apocalipsis 20:6) y el reinado (Apocalipsis 20.4), que se convertirán en las bendiciones principales en la era del reino, y que perderán, cuando el Señor regrese, aquellos que se comportan de manera profana y aman el mundo.

Muchos creyentes hoy aman al Señor y tienen la vida de Dios en ellos, pero han sido engañados. Ellos tienen oídos con comezón y siguen las enseñanzas que les dicen que no importa la manera en que vivan, siempre y cuando crean en Dios, ellos serán arrebatados y vivirán en el cielo con Dios para siempre.

Si amamos el mundo y los placeres terrenales, esto puede costarnos nuestra primogenitura en la era del reino. Nunca perderemos nuestra salvación eterna, porque una vez que nacimos de Dios no podemos des-nacer, pero podemos perder nuestro galardón, nuestra primogenitura en la era del reino.

¡En el reino milenial, la primogenitura será otorgada como un premio a los cristianos vencedores (Apocalipsis 22:12; 11:18), y por la eternidad ejerceremos esta primogenitura en y como la Nueva Jerusalén!

¡Que seamos aquellos que no venden o ceden su primogenitura hoy sino que la ejercen y la disfrutan como parte de la iglesia de los primogénitos!

¡Señor Jesús, sálvanos de vender nuestra primogenitura al amar el mundo y sus placeres. Que valoremos apropiadamente la primogenitura, paguemos el precio para ejercerla hoy, y la obtengamos como un galardón en el reino venidero. Señor, sálvanos de ser engañados, religiosos o complacientes con nosotros mismos. Que nos percatemos con toda claridad que estamos en la iglesia de los primogénitos, y que ejerzamos nuestra primogenitura para disfrutar a Dios, y seamos los sacerdotes y reyes para Dios!

Ejercer y disfrutar nuestra primogenitura hoy como un adelanto de las bendiciones en el reino venidero

Apocalipsis 2:26 Al que venza y guarde Mis obras hasta el fin, Yo le daré autoridad sobre las naciones. Imagen fuente: Quozio

Apocalipsis 2:26 Al que venza y guarde Mis obras hasta el fin, Yo le daré autoridad sobre las naciones. Imagen fuente: Quozio

¡Qué privilegio tenemos hoy como hijos de Dios de disfrutar en Cristo un adelanto de las bendiciones que corresponden al reino venidero!

¡Fuimos creados con la primogenitura! La perdimos en la caída de Adán, pero nuestro jubileo Jesús, como el Boaz verdadero, vino para redimir nuestra primogenitura. Ahora creemos la proclamación del jubileo. ¡Somos liberados y restaurados a nuestra familia divina, y estamos en la casa de Dios como la iglesia de los primogénitos, disfrutando nuestra primogenitura!

¡Que no seamos aquellos que venden su primogenitura al ser pasivos y complacientes, sino que ejerzamos y disfrutemos nuestra primogenitura hoy!

¿Cómo ejercer nuestra primogenitura? ¿Qué significa que si ejercemos nuestra primogenitura hoy, ésta será nuestro galardón en el reino venidero?

Lo que disfrutamos en Cristo es un adelanto de las bendiciones en el reino venidero, y este deleite nos introduce en el pleno gusto de estas bendiciones.

Si no disfrutamos a Cristo como la realidad de la buena tierra. ¿Cómo podemos entrar en Su descanso en el reino y heredar la tierra con Él (Hebreos 4:9)? Disfrutemos a Cristo como la buena tierra hoy, para ganarlo paso a paso al disfrutarlo, experimentarlo y aplicarlo como la realidad de todas las cosas positivas en el universo.

Si no ejercemos nuestro sacerdocio hoy, al contactar al Señor y ministrarlo con oración. ¿Cómo podremos nosotros cumplir nuestros derechos sacerdotales en el reino venidero? Necesitamos venir al jubileo Jesús ahora que estamos en Él, disfrutarlo, contactarlo, abrirnos a Él, ministrarlo con oración, y Él nos pastoreará. Aprenda cómo ser un sacerdote para Dios hoy al contactarlo, contándole a Él todas las cosas y siendo infundido con Él mismo (1 Pedro 2:5, 9).

Si no ejercitamos nuestro espíritu con la autoridad otorgada por Dios para regir sobre nuestro yo, nuestra carne, nuestro ser completo, y sobre el enemigo con todo su poder de las tinieblas. ¿Cómo podremos ser co-reyes con Cristo y gobernar sobre las naciones con Él en Su reino (Apocalipsis 2:26-27)? Necesitamos aprender a ejercitar nuestro espíritu y gobernar sobre nuestro yo, nuestra carne y sobre cualquier cosa negativa.

¡No sabemos exactamente cómo, y no hay una “regla” definitiva para llevar esto a cabo, pero como nuestro Boaz celestial nos ha redimido, ahora somos LIBRES! ¡Aleluya! Ahora, en esta libertad espiritual verdadera necesitamos ejercitar nuestro espíritu y reinar en vida con Cristo sobre cualquier cosa negativa hasta que reinemos con Él en el reino venidero sobre todas las cosas.

Si disfrutamos a Cristo y practicamos el sacerdocio y el reinado hoy, estaremos preparados y calificados para participar en el reino de Cristo en Su venida (Apocalipsis 5:10; 20:4, 6). En la era del reino se realizará el recobro completo de todo aquello que Dios se propuso que fuera para el nosotros en Génesis 1:26 y que se perdió en Génesis 3.

¡Aprendamos a ejercitar nuestro espíritu, ejercitándolo, y aprendamos a contactar al Señor y a ser sacerdotes y reyes para Dios en la vida de iglesia hoy! ¡Entonces, en el reino venidero ésta será nuestro galardón, nuestra recompensa!

¡Señor Jesús, queremos disfrutarte como nuestra buena tierra hoy para que podamos entrar en Tu reposo en el reino y heredar la tierra contigo. Señor, ejercemos nuestro sacerdocio hoy al contactarte y ministrarte con oración, para así estar calificados para cumplir nuestros deberes sacerdotales en el reino venidero. Señor Jesús, ejercitamos nuestro espíritu con la autoridad que nos han concedido para gobernar sobre nuestro yo, nuestra carne, y sobre el enemigo con todo su poder de las tinieblas hoy, para poder llegar a ser tus co-reyes en el reino venidero. Señor Jesús, escogemos ser los que disfrutan y ejercen su primogenitura hoy para para recibirla como recompensa en el reino venidero!

Read the article in English: Exercising our Birthright of Enjoying Christ and Being Priests and Kings to God, on the blog A Normal Believer in Christ.

Referencias e himnos
  • Inspiración: La Palabra de Dios, nuestra experiencia cristiana, el mensaje impartido por el hermano Ron Kangas acerca el mensaje correspondiente a esta semana y sus porciones de Hebreos 12:16 (nota 1 – está estupenda), como está citada en La palabra santa para el avivamiento matutino sobre El estudio de cristalización de Génesis (3), semana 5 / mensaje 5, La primogenitura (usted puede obtener este libro aquí y aquí).
  • Himnos (en inglés):
    # In the holiest place, live before His face, / Light of glory thru me will shine; / In the holiest place, live before His face, / Light of glory thru me will shine. (Hymns #770)
    # Pray to fellowship with Jesus, / Fully opened from within, / With thy face unveiled, beholding, / Single, pure, and genuine. (Hymns #784)
    # How I love Your reigning life, Lord. / How I love abundant grace. / How I love to have Your presence, / As I live before Your face. / By Your life, Lord, I am reigning. / I am over, over everything. / As I’m joyfully confessing, / Jesus, as my Lord and King. (Song on Reigning in Life).

Dios dio a Cristo como pacto y como luz a las naciones – ¡podemos disfrutarlo en nuestro espíritu!

¡Por una parte, Cristo es el Mediador y el Ejecutor de un pacto mejor y nuevo, y por otra, Cristo mismo fue dado por Dios a Su pueblo como pacto! Al menos una vez en Isaías Jehová dice que Él ha puesto a Cristo como pacto a Su pueblo – en Isaías 42:6-7, que dice:

6. Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones,
7. Para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

¡Dios dio a Cristo como pacto a Su pueblo y como luz a las naciones! Como pacto Cristo nos trae todo lo que Dios es. Toda la plenitud de la Deidad está corporificada en Cristo y Cristo hoy como el Espíritu está disponible para que lo disfrutemos. En el nuevo pacto Dios nos justifica y nos hace justos para que podamos ocupar la posición correcta para tener este disfrute de Dios. ¡Después de ser justificados y después que Cristo llega a ser nuestra justicia, podemos disfrutar todo lo que Cristo es! ¡El amor, la paz, la vida, el gozo, la santidad, la justicia, la paciencia y la tranquilidad son todas nuestras en Cristo como el pacto dado a nosotros por Dios! Dios haría cualquier cosa estando comprometido por un pacto que Él nos hubiera dado. ¡Todo cuanto nos corresponde hacer es abrirnos a Él para disfrutar Sus riquezas, hasta que nosotros como la iglesia, el Cuerpo de Cristo, lleguemos a Ser Su plenitud!

Igualmente, Dios dio a Cristo como la luz de las naciones. Cristo es la luz de la vida; Cristo es la luz verdadera; Cristo es la luz que brilla sobre el mundo e ilumina a cada hombre (Juan 1:4, 9; 8:12; 9:5). Cristo como la luz de la vida nos regenera. Él nos aviva con la vida divina (1P 1:23). Él como la luz nos libera de la autoridad de las tinieblas (la autoridad de Satanás, el reino, la esfera de la muerte) hacia el reino de la vida y la luz (el reino de Dios de vida y luz) (1P 2:9b; Hch 26:18a). ¡Cuando oímos la Palabra de Dios, Cristo como la luz brilla en nosotros y expone (hace visibles) nuestros pecados y carencias; al mismo tiempo, si permanecemos en Su luz, seremos avivados y regenerados por Dios! ¡Esta es la luz que trae la vida y genera vida para que brille en nosotros siempre que vengamos a Dios! Mientras más tiempo estemos expuestos a la luz divina, más luz divina será generada en nosotros y crecerá en nosotros. ¡Así que, Cristo como el pacto es para que el pueblo de Dios obtenga a Dios con todas Sus riquezas como la herencia de ellos, y Cristo como la luz es para que el pueblo de Dios reciba a Dios como vida para que ellos puedan germinar de manera nueva! ¡Disfrutamos a Cristo como nuestra herencia Y Dios nos vivifica y nos hace germinar mediante Su luz para ser hijos de Dios y aquellos que disfrutan a Cristo!

¿Cómo podemos entrar en este disfrute? La clave está en Isaías 42:5, que dice que Dios es el “Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan”. ¡La clave para entrar en el disfrute de todas las riquezas de Cristo y recibir más luz generadora de vida es nuestro espíritu! Para Dios nuestro espíritu es tan importante que Él lo puso al mismo nivel que los cielos y la tierra (también ver Zac 12:1). ¡Dios formó espíritu en el hombre para que el hombre pudiera ser un vaso, un recipiente para recibir a Dios, Quien es el Espíritu como su herencia y su vida! ¡Así como necesitamos un estómago para contener y digerir los alimentos que consumimos, necesitamos un espíritu, que es como un estómago espiritual para recibir las riquezas de Dios corporificadas en Cristo! ¡Al ejercitar nuestro espíritu, disfrutamos a Cristo como la realidad del nuevo pacto y nos hallamos bajo Su brillar, el cual nos trae vida! ¡Aleluya! [Inspirado en el Estudio-vida de Isaías, mensajes 53 y 52, tal como se cita en el Avivamiento matutino del Estudio de cristalización de Isaías (2)] [read this portion in English also via, Christ was given by God as a covenant and as a light to the nationswe can enjoy Him in our spirit!]

¡Te alabamos Señor por nuestro espíritu! ¡Gracias por la clave a nuestra vida cristiana y nuestra vida de iglesia, nuestro espíritu mezclado! ¡Venimos a Ti para disfrutarte como la realidad del nuevo pacto! ¡Gracias, Señor porque podemos disfrutar todo lo que eres y tienes como nuestro pacto! ¡¡Dios es todo lo que necesitamos y es todo nuestro! ¡Señor, que sigamos disfrutándote de muchas maneras y en todas nuestras situaciones! ¡Que nos abramos a Ti y nos volvamos a nuestro espíritu para disfrutarte en todas Tus riquezas! ¡Continúa brillando en nosotros como la luz de vida! ¡Trae más vida a nosotros! ¡Señor, Te amamos tanto!

disfrutando al Señor, que es rico, fluyendo como el Espíritu en nosotros al invocar el nombre del Señor

Como creyentes en el Señor, somos parte del Cuerpo orgánico y universal de Cristo. ¡Somos miembros del Cuerpo! De muchas maneras, podemos entender la forma en que el Cuerpo opera al mirar a nuestro cuerpo físico y la cosa más tremenda de nuestro cuerpo humano es que la sangre, la circulación de nuestra sangre, mantiene nuestro cuerpo vivo. Si nuestra sangre se detuviera, si la circulación de ésta se parara, nuestro cuerpo sería cadáver. Moriríamos. De la misma forma, en el Cuerpo de Cristo tenemos “circulación sanguínea”, la cual es la comunión del Espíritu. ¡Ésta mantiene el Cuerpo de Cristo vivo! La comunión en el Cuerpo de Cristo es la circulación del Espíritu. Hoy el Espíritu es “la sangre” en el Cuerpo de Cristo. La circulación de la sangre continuamente sustenta y cuida a todos y cada uno de los miembros del cuerpo y, si ésta es normal y estable, ¡nos mantienen saludables! Desde luego, necesitamos ejercitarnos cada día para cuidar nuestra circulación sanguínea. De la misma manera, en la realidad espiritual, ¡necesitamos ejercitar nuestro espíritu cada día para asegurarnos de tener un fluir continuo dentro de nosotros!

El espíritu, el cual es la circulación en el Cuerpo de Cristo es el espíritu compuesto y todo-inclusivo, no meramente el Espíritu de Dios, sino que está compuesto por todo el maravilloso proceso por el que pasó Cristo sobre la tierra: encarnación, vivir humano perfecto, crucifixión, resurrección y ascensión. El Espíritu que circula en el Cuerpo de Cristo y que disfrutamos al ejercitar nuestro espíritu [humano] es tan rico. ¡Es el Espíritu consumado; el Espíritu que ha sido compuesto y mezclado y el cual está siendo ahora impartido [a cada uno de nosotros]! Dentro del Espíritu se encuentra la Divinidad, la humanidad, la persona de Cristo, Su muerte todo-inclusiva y maravillosa, y Su resurrección que nos confiere poder. Por ello Pablo cie en Ro 10:12 que el Señor es rico para con todos los que le invocan. Siempre que invocamos el nombre del Señor, Él es tan rico para con nosotros. ¡Él fluye en nosotros con todo lo que Él es y nos suministra, nos fortalece y nos nutre!

Nosotros en realidad experimentamos diariamente el hecho de que mientras más invocamos el nombre del Señor en voz alta, ¡más liberado es nuestro espíritu y más somos sanados y fortalecidos! Esta es una manera excelente de “ejercitar nuestro espíritu”: ¡Invocar el nombre del Señor y disfrutar Sus riquezas! ¡Este invocar al Señor nos hará estar saludables, porque invocar de esta manera es ejercitarnos! En verdad no podemos disfrutar mucho al Señor si siempre estamos muy pasivos, callados interiormente y oramos con desgana. Muchas veces nos es necesario abrirnos paso con fuerza y salir decididamente de nosotros mismos y de otras muchas cosas y entonces ¡invocar el nombre del Señor! Cuando le invocamos:

¡Oh, Señor Jesús! ¡Señor Jesús! ¡Oh, Señor, amén, aleluya!

aunque sea por cinco o diez minutos, ¡el Señor será tan rico para con nosotros! ¡Él, como el Espíritu consumado fluirá hacia y en todo y definitivamente tendremos una buena circulación del Espíritu en nosotros! ¡Nuestra invocación del nombre del Señor hace que el Espíritu circule en nosotros y al fluir hacia nosotros, hasta cada parte de nuestro ser, Él también fluye desde nosotros hacia afuera para alcanzar a aquellos a nuestro alrededor! Este Espíritu compuesto, que contiene la divinidad del Señor, Su humanidad, Su muerte y resurrección, fluye a y en cada parte de nuestro ser. ¡Este fluir en nosotros nos trae a [estar dentro de] la realidad de la comunión del Cuerpo, que es la comunión del Espíritu! [Disfrute del Avivamiento Matutino “La comunión y la compenetración del Cuerpo de Cristo… ”; read this portion also via, enjoying the rich Lord flowing as the Spirit in us by calling on the Lord’s name]

¡Señor, mantennos invocando Tu nombre! ¡Sálvanos de invocar con desgano y de pensar en Ti! ¡Mantennos invocando hasta que fluyas dentro de nosotros! ¡Queremos ejercitar nuestro espíritu apropiadamente para estar dentro de este fluir del espíritu dentro del Cuerpo de Cristo! ¡Señor, cuánto necesitamos el alimento y el suministro del fluir del Espíritu! ¡Sálvanos de estar fuera de la circulación del Espíritu en el Cuerpo! ¡Que podamos ejercitar nuestro espíritu para invocar Tu nombre y disfrutar todas Tus riquezas!

¡En todas aquellas cosas que hacemos para el Señor en la iglesia, necesitamos primero detenernos y tener comunión!

Esta mañana fui impresionado con estos principios sencillos del Cuerpo de Cristo tal como se revelan en 1 Co 12:24:

Porque los que entre nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios concertó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba.

¿Qué significa que “Dios concertó el Cuerpo”? Pues que Dios ha ajustado el Cuerpo, lo ha armonizado, templado y mezclado. Ser compenetrado, mezclado, literalmente significa perder todas las distinciones individuales. Algunos podemos ser rápidos según nuestra inclinación natural, otros más lentos, pero a través de la compenetración del Cuerpo todos pierden sus distinciones (lo que los hace diferentes) y son templados (moderados, entremezclados). En la vida del Cuerpo, tanto esa rapidez, como aquella lentitud son quitadas. En esta entremezcla y compenetración de los miembros en el Cuerpo, cualquier distinción entre nosotros es quitada, desaparece: Cualquier diferencia cultural, de carácter natural o racial… Para que seamos apropiadamente compenetrados y templados en la vida del Cuerpo, tenemos que pasar por la cruz y vivir por el espíritu, impartiendo Cristo a otros por el bien del Cuerpo de Cristo. Todos necesitamos aprender a ser crucificados. Lo que hagamos en el Cuerpo debe ser por el espíritu para la impartición de Cristo. De igual modo, todo cuanto hagamos no debe ser para nuestro interés o propósito propio, sino para la iglesia.

Esto nos muestra que necesitamos tener más comunión. Necesitamos tener comunión siempre que hagamos algo o estamos por ir a algún sitio o por hacer alguna cosa. ¡Tened comunión acerca de todas las cosas en la vida de iglesia! Hemos de tener comunión con los santos con los que coordinamos. La comunión nos modera y limita; nos ajusta y armoniza, y hace que nos compenetremos los unos con los otros. La comunión logra de una manera práctica aquello que Dios quiere hacer en el Cuerpo. La comunión es la compenetración de los miembros. No hagamos nada en la vida de iglesia, no importa lo simple o rápido que esto sea, sin tener comunión con los otros santos que coordinan con nosotros. La comunión requiere que nos detengamos cuando estamos a punto de realizar algo: Detenernos y tener comunión. Usted pudiera pensar que no necesita a nadie más para hacer algo para el Señor o para llevar algo a cabo en la vida de iglesia ya que es tan sencillo ocuparse de cierto asunto, sin embargo, aún en ese caso ¡detengámonos y tengamos comunión! En nuestra coordinación en la vida de iglesia y en la obra del Señor, todos necesitamos aprender a nunca hacer nada sin comunión. Cuando tenemos comunión obtenemos muchos beneficios: Recibimos la ayuda que tanto necesitamos de parte de otros miembros del Cuerpo; somos moderados, restringidos, estimulados, suministrados, compenetrados, ajustados y armonizados… estamos siendo edificados con los demás en el Espíritu como Cuerpo de Cristo. La comunión en el Espíritu con los demás edifica el Cuerpo de Cristo en la práctica.

Algunas veces en las reuniones sucede que venimos juntos sin tener mucha compenetración simplemente porque todos permanecemos en nosotros mismos. Nos encanta estar en nosotros mismos, así que esperamos que otros hagan o digan algo, y tenemos miedo de ofender a otros o de cometer algún error. Por esta causa nos quedamos quietos y en silencio. ¡PERO estas actitudes y reacciones son de la carne, de acuerdo a la manera natural! ¡Cuando nos reunimos necesitamos aprender a negarnos, a experimentar la cruz que nos termina y a ejercitar nuestro espíritu! ¡Ejercitemos nuestro espíritu para seguir al Espíritu, para impartir a Cristo y para decir o hacer algo con vistas a la edificación del Cuerpo de Cristo! Cuando todos hagamos esto; cuando todos nos abramos al Señor para ser tratados por Él; cuando todos permanezcamos en la cruz y ejercitemos nuestro espíritu para funcionar y tener comunión, esto cambiara el ambiente, la atmósfera en nuestra vida de iglesia y será para el beneficio del Cuerpo de Cristo. No se trata de gritar, hablar mucho o seguido. Tampoco tienen nada que ver con mantener las formas y ser tímido o correcto. Es una cuestión de ser templados por el Señor, no de actuar o vivir según nuestra inclinación natural sino de acuerdo con el Espíritu en nuestro espíritu que se extiende por nuestra alma, enriqueciendo y elevando las facultades creadas por Dios para edificar el Cuerpo de Cristo. De este modo, podemos estar en armonía y podemos tener un acuerdo porque somos templados y las distinciones se han ido.[read this portion in English also via, in all the things we do for the Lord in the church, we need to stop first and have fellowship!]

¡Oh, Señor, compenétranos! ¡Edifícanos, Señor, con los otros santos! ¡No permitas nuestra independencia, sino que de acuerdo a Tu plan restríngenos y entremézclanos! Recuérdanos, Señor, que en todo hemos de tener comunión. No queremos seguir siendo los mismos y hacer las cosas en o por nosotros mismos, sino que queremos ser templados. ¡Señor, necesitamos ser ajustados! ¡Hazlo en nosotros, Señor, al detenernos para tener comunión!

Asuntos prácticos en relación con la compenetración. ¿Estamos en la realidad del Cuerpo de Cristo?

Este pensamiento de la compenetración es muy fuerte en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento vemos que la ofrenda cocida en horno tenía que ser de flor de harina (ofrenda de harina) mezclada con aceite (Lev 2:4). La harina debía ser cuidadosa y completamente mezclada con aceite: El pan sin levadura. Por eso Pablo podía decir en 1Co 10:17:

Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un Cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.

La iglesia es como un pan, una torta, hecha de flor de harina mezclada con aceite. Esta flor de harina proviene de los granos de trigo (nosotros) y los muchos granos vienen del único grano, Cristo. El Señor dijo que Él es el grano de trigo que cae en tierra para morir y producir los muchos granos (Jn 12:24). ¡Somos Su reproducción, Su multiplicación, Su incremento! Cristo murió en la cruz y en Su resurrección, ¡Él produjo los muchos granos, que somos nosotros, Sus creyentes! Nosotros como los muchos granos estamos siendo plantados juntos, mezclados en la flor de harina que se usa para hacer la torta, que es la ofrenda de harina, es decir, el pan. En la vida de iglesia estamos siendo sembrados juntos mediante todas nuestras interacciones y comunión y el Espíritu (el aceite) es agregado a nosotros cuando ejercitamos nuestro espíritu. Mientras más comunión y más coordinación tengamos, primero ejercitando nuestro espíritu, más seremos plantados en tierra (sin más distinciones, nada que se interponga entre nosotros) y somos mezclados con el Espíritu. ¡El aceite divino nos unge, se mezcla con nosotros y nos hace UNO en la vida divina! Este es un aspecto de la edificación y la compenetración del Cuerpo de Cristo en la vida de iglesia.

Por otro lado, cuando estaba leyendo este preciado libro titulado: Los asuntos prácticos acerca de la compenetración (Witness Lee), me di cuenta que hay una pregunta que todos necesitamos responder delante del Señor y ante todo el universo; algo en lo que necesitamos ser muy honestos delante del Señor. La pregunta es:

¿Estoy en la realidad del cuerpo de Cristo hoy?

Podemos decir que ya que nos encontramos en la iglesia, y aún más, en una iglesia local, estamos en el Cuerpo de Cristo, lo cual es cierto de acuerdo a Ef 1:22-23. En teoría y de hecho, somos miembros del Cuerpo de Cristo, santos en la iglesia local, pero ¿qué hay de la REALIDAD DEL CUERPO DE CRISTO? ¿Qué hay de ser mezclados en la realidad con los otros santos y ser edificados juntamente con ellos en el Cuerpo de una manera en que nosotros seamos “partes de un todo”, completamente plantados, entremezclados y edificados? Muchos cristianos pueden poseer el término “El Cuerpo de Cristo” y pueden conocer la doctrina del Cuerpo de Cristo, pero ¿ellos han tocado la práctica y la realidad del Cuerpo de Cristo? Cuando somos honestos con el Señor acerca de este asunto, veremos que es posible que NO hayamos entrado en la realidad y la práctica del Cuerpo. Tenemos el conocimiento y disfrutamos acerca de lo que es el Cuerpo MÁS que lo que entramos verdaderamente dentro de la realidad de Éste. ¡Sí, estamos en la iglesia local y sí, somos parte de la iglesia, pero como todos sabemos, estamos en las iglesias locales [únicamente] como el procedimiento para ser introducidos en el Cuerpo de Cristo, el cual alcanzará Su consumación como la Nueva Jerusalén! ¡Nos encontramos en la expresión local del Cuerpo de Cristo PARA ser traídos a la realidad del Cuerpo de Cristo! ¡Cuánto necesitamos que el Señor resplandezca en nosotros en relación con este asunto! ¡Cuánto necesitamos ser expuestos delante del Señor con respecto a nuestra verdadera condición! ¡Cuánto necesitamos entrar en la realidad del Cuerpo de Cristo! Santos: ¡Necesitamos estar en la realidad del Cuerpo de Cristo hoy para que podamos estar en la manifestación del reino cuando el Señor regrese! [read this portion in English also via, practical points concerning blending – are we in the reality of the Body of Christ?]

¡Señor, haz que veamos cada vez con más claridad la realidad del Cuerpo de Cristo! ¡Que conozcamos el Cuerpo no sólo en doctrina sino en la realidad! ¡Edifícanos, Señor, junto a los otros santos! ¡No queremos permanecer siendo los mismos! ¡No queremos quedar sin ser tocados por Ti, sin ser tratados por Ti e individuales y distintos de los otros! ¡Sálvanos de ser personas individualistas! ¡Fórjate en nosotros y tráenos al punto en que seamos santos edificados! ¡Señor, compenétranos y edifícanos como la realidad de Tu Cuerpo en esta tierra!