Proseguir a la madurez al ser llenos con la vida divina que nos transforma

Juan 10:10 …Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Juan 10:10 …Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Con Jacob en Génesis vemos un largo proceso en el cual él fue tratado, quebrantado, transformado y finalmente llevado a la madurez. La meta de Dios no es únicamente transformarnos sino que alcancemos la madurez.

Ser transformado consiste en experimentar un cambio en nuestra vida natural por la vida divina en nosotros, y ser llevados a la madurez consiste en que la vida divina sature cada parte de nuestro ser hasta que rebocemos con la vida divina. El propósito de Dios puede ser alcanzado mediante personas completamente maduras. ¡Todos necesitamos madurar!

En la historia de Jacob vemos, en Génesis 37-45, un registro de su proceso hasta la madurez. Exteriormente parecía que no estaba ocurriendo mucho. Jacob había dejado de suplantar a otros para obtener cosas, y muchas pérdidas ocurrían en su vida.

Interiormente él pasó por un profundo proceso que lo condujo a madurar. primero, Jacob perdió a Raquel, y luego, sólo un poco después, perdió a José. Como aún no estaba completamente transformado, es decir, como Jacob aún no había sido esencialmente cambiado por la vida de Dios y todavía no estaba muy lleno con Su vida, conservaba sus preferencias personales – él amaba a José por encima de los otros hermanos.

Los otros hermanos vieron esto y por ello odiaban a José. Finalmente se lo llevaron para venderlo como esclavo y engañaron a su padre diciéndole que un animal lo había matado.

Jacob estaba consternado y traumatizado. Sentía una pena muy profunda, pese a la cual todavía creía que José estaba vivo y se repetía que su cuerpo nunca había sido encontrado.

El dolor era muy profundo cada vez que pensaba en José. En medido de este trance por el que estaba pasando, la lluvia celestial de Dios llenaba su ser una y otra vez, cada vez que se abría a Dios. Cada parte del ser interior de Jacob estaba siendo abierto por Dios para ser llenado con Él.

Este proceso de llenar es un proceso de maduración. Jacob debía ser vaciado de muchas cosas y muchos sentimientos asociados con Raquel y José, para que Dios lo llenara y ocupara ese espacio.

Es necesario que haya un trato de parte de Dios muy profundo y largo para que las profundidades de nuestro ser sean abiertas hasta que no quede nada cerrado al Señor, entonces, el Señor puede llenar nuestro vaso gradualmente, año tras año.

Cuando vino el hambre a toda la tierra, los hermanos de José tuvieron que marchar a Egipto para comprar alimentos, José los trató de manera sabia. Él puso preso a Simeon y posteriormente le pidió a Benjamín que viniera también.

Jacob no estuvo de acuerdo con que fuera Benjamín, su hijo más querido, entonces el Señor tuvo que tocar su afecto natural. Cuando el alimento se terminaba, tuvieron que ir a Egipto otra vez, y finalmente Jacob estuvo listo. Él dijo:

Que el Dios Todo-suficiente os conceda hallar misericordia delante de aquel varón… Y si yo he de ser privado de mis hijos, que así sea (Génesis 43:14).

Cuando sus hijos regresaron con noticias de que José todavía estaba vivo, reinando en Egipto, podemos ver lo maduro que era Jacob: Él no los acusó, ni los culpó, ni lloró, ni quedó inmóvil de alegría, sino que simplemente fue a Egipto a encontrarse con su hijo José.

Ya no podía culparlos porque sus emociones estaban saturadas de Dios. Su corazón estaba adormecido dentro de él, pero su espíritu era viviente – su alma y su espíritu estaban divididos, lo cual es otro signo de su madurez.

Año tras año, de manera profundamente oculta, imperceptible para cualquiera y alejada de la vista de todos, Jacob vivía frente a Dios, abriéndose a Dios cada vez más profundamente. Hasta pensar en Raquel y en José era doloroso, pero se abría a Dios y Dios se infundía en él.

En realidad nosotros no podemos abrirnos al Señor de manera tan profunda: No conocemos la profundidad de nuestro ser, pero cuando pasamos por el proceso hacia la madurez, las profundidades de nuestro ser se abren al Señor, y el Dios de la vida entra, vacíos de cuanto no es Dios mismo, nuestro vaso es llenado hasta rebozar con la vida divina.

Después que Jacob pasó por este proceso hacia la madurez, él simplemente podía bendecir a otros y profetizar con bendición. Esto es madurez. Hacia ese punto nos dirigimos, y eso es lo normal. Es tan normal como nuestro crecimiento natural hasta la madurez biológica.

Ser transformados consiste en un cambio metabólico en nuestra vida natural, mientras que madurar es ser llenos de la vida divina que nos cambia.

Ser transformados consiste en un cambio metabólico en nuestra vida natural, mientras que madurar es ser llenos de la vida divina que nos cambia.

Que experimentemos una aspiración divina profunda para alcanzar la madurez, para que, a cualquier nivel que nos encontremos, nos abramos al Señor desde lo más profundo de nuestro ser y le permitamos llenar nuestro ser interior con Su vida. Y así nos lleve a la madurez, para que seamos personas saturadas de Dios, que rebozan con la vida divina y profetizan con bendición.

Esto es lo que Dios necesita. Este tipo de hombre corporativo plenamente maduro puede cumplir su propósito en la tierra.

Jacob: De un suplantador a un hombre transformado y una persona madura

Si usted lee Génesis 27 en adelante, podrá ver que Jacob era un suplantador: Él hizo muchas cosas, engañó y mintió a otros para obtener ganancia. Él siempre ganó algo como resultado del contacto con su padre, su hermano, su tío, e incluso con sus esposas Raquel y Lea.

En Génesis 37 vemos cómo Jacob entra en un proceso de transformación y comienza a tener pérdidas, ya no sólo ganancias: Raquel murió, y él ganó a Benjamín. Desde este punto, Jacob sólo tuvo pérdidas.

Finalmente, en Génesis 47 vemos no sólo a un Jacob transformado, sino maduro y que reboza de bendición.

En Génesis 27 Jacob es un suplantador. En Génesis 37 él es un hombre transformado, y en Génesis 47 él es una persona madura.

Desde el momento en que Dios lo tocó, Jacob empezó a experimentar transformación. Entonces, en Hebrón, él tuvo un trato más profundo que lo condujo a la madurez.

Hay una diferencia entre transformación y madurez. Ser transformado consiste en un cambio metabólico en nuestra vida natural, y madurar es ser llenos de la vida divina que nos cambia (Hebreos 6:1). La meta de la salvación de Dios no es transformarnos sino que maduremos.

¡Proseguir a la madurez al ser llenos de la vida de Dios que nos transforma!

Hebreos 6:1 Por tanto, dejando ya la palabra de los comienzos de Cristo, vayamos adelante a la madurez…

Hebreos 6:1 Por tanto, dejando ya la palabra de los comienzos de Cristo, vayamos adelante a la madurez…

Necesitamos tener una meta más elevada y una aspiración personal más alta que la transformación. Necesitamos aspirar a ir adelante a la madurez, ser llenos de la vida divina que nos cambia.

Sería una lástima pasar por varios tratos de parte de Dios, quebrantamiento y transformación, y no ser llenos de la vida de Dios. La transformación produce cambios internamente por medio de la vida divina, que sustituye nuestra vida natural, y el proceso de maduración nos llena con la vida divina para rebozar externamente.

Este cambio metabólico empieza en la regeneración. Cuando fuimos salvos, no sólo fuimos justificados y nuestros pecados fueron perdonados, sino que también fuimos regenerados. En la regeneración, una nueva vida, la vida divina, fue puesta en nuestro espíritu. Desde nuestra regeneración, esta vida ha venido transformando nuestra vida natural. Al cambiar nuestra vida natural, la vida divina imparte más y más de sí en nuestro ser. Por lo tanto, la transformación es el cambio de nuestra vida natural. Cuando este cambio alcanza la plenitud, llega el tiempo de la madurez… La última etapa de la transformación es la madurez. La madurez no es un asunto de que nosotros experimentemos un cambio, sino de que la vida divina sea impartida continuamente en nosotros hasta que lleguemos a su plenitud (Witness Lee, Estudio-vida de Génesis, pág. 1224).

¡Vayamos adelante a la madurez! ¡Prosigamos a la madurez! Nosotros no “pasamos a la madurez”, sino que somos llevados, y estamos dispuestos a ello. Necesitamos orar en cuanto a este asunto, pidiéndole al Dios que da el crecimiento que nos lleve adelante hacia la madurez por Su economía y Su interés en la tierra.

¡No crea usted que la madurez es algo inalcanzable – es algo normal alcanzar la madurez!

Es triste ver hermanos y hermanas que envejecen sin madurar en vida. El Señor tiene que llevarnos a la madurez para que pueda cumplir Su propósito a través de nosotros.

El propósito eterno de Dios sólo puede cumplirse mediante nuestra transformación y nuestra madurez (ver Génesis 1:26; Colosenses 1:28; 2:19). Por ello necesitamos que la vida divina sea impartida en nosotros una y otra vez hasta que seamos llenos de la vida divina.

Cristo vino para que tuviéramos vida (zoé) abundante (juan 10:10), y Dios es fiel para lograr que nosotros nos abramos a Él, cuando pasamos por diversas situaciones, y la vida divina sea impartida en nosotros poco a poco.

Nosotros no debemos estar preocupados de lo que nos depara el futuro y no debemos tener miedo de los sufrimientos que nos esperan. Dios nos escogió, Él estableció que nuestro destino fuera llegar a ser Sus hijos maduros. Él no nos desamparará, dándonos una vida fácil sin las experiencias que necesitamos para ser transformados y alcanzar la madurez.

Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos conduzca a la madurez para que seamos, no sólo transformados sino llenos de la vida de Dios que transforma, hasta rebozar con la vida, los Dios-hombres que expresan a Dios y representan a Dios.

¡Señor Jesús, por el bien de Tu economía, haz que alcancemos la madurez, mucho antes que terminemos nuestra vida en la tierra. Señor, por el bien de Tus intereses en la tierra, para que Tu propósito sea cumplido a través de un hombre corporativo plenamente maduro, haz que Tus santos alcancen la madurez. Haz que nuestra voluntad esté alineada con este asunto. Encuentra la manera de llenar nuestro ser interior con Tu vida divina, que nos transforma. Que nos mantengamos  abiertos a Ti en nuestra vida cotidiana bajo el impartir divino para ser llenos con Dios hasta rebozar con Dios!

Read the article in English: Being Brought on to Maturity by Being Filled with the Divine Life that transforms us, on the blog A Normal Believer in Christ

Referencias e Himnos
  • Inspiración: La Palabra de Dios, nuestra experiencia cristiana, el mensaje compartido por el hermano Ron Kangas correspondiente a esta semana, y las porciones del Estudio-vida de Génesis, mensaje 92 y 93, tal como se citan en La palabra santa para el avivamiento matutino, acerca del Estudio de cristalización de Génesis (3), semana 6 / mensaje 6, El proceso de la madurez (usted puede obtener este libro aquí y aquí).
  • Himnos relacionados (English):
    # Lord, today, increase Thyself in me, / Let Thy life grow to maturity; / Just a channel of life, let me be, / A pure vessel glorifying Thee. (Song on Growing unto Maturity)
    # Minding just the spirit, we the cross will know, / And His resurrection pow’r thru us will flow; / Minding just the spirit, Christ will live thru me, / And His life within will reach maturity. (Hymns #593)
    # Lord, grant me today’s supply of grace; / May Your divine life grow apace; / Little by little, day by day, to grow / More and more, into You. / Day by day, bit by bit, life will grow as is fit, / Increasing gradually until, / However imperceptibly, / Your life matures within me. (Song on Growing in Life).

No menospreciar o perder la primogenitura que recibimos por la soberanía de Dios, sino disfrutarla

No menospreciar o perder la primogenitura que recibimos por la soberanía de Dios, sino disfrutarla Jacob valoró y perseveró para obtener la primogenitura. Esaú menospreció la primogenitura, y Rubén perdió la primogenitura.

Aunque Jacob nació después, él quería la primogenitura. Incluso llegó a engañar a su hermano mayor Esaú para que le vendiera la primogenitura por un plato de lentejas (ver Génesis 25:22-26). Luego, con la colaboración de su madre, Jacob robó la bendición de su padre anciano a su hermano, haciéndole creer que él era Esaú (Génesis 25:29-34).

Jacob no lo sabía, pero él no tenía necesidad de comportarse de manera tan despreciable para obtener la primogenitura, ya que Dios lo había predestinado para tener la primogenitura y la bendición. No obstante, Dios en Su soberanía actuó en medio de todas estas cosas negativas para finalmente darle la primogenitura para la cual lo había predestinado.

Mucho tiempo le llevó a Jacob darse cuenta de que todo es por la misericordia de Dios. Dios es soberano. Lo pastoreó y arregló todas las cosas y las personas en su vida para su transformación y para que alcanzara su madurez para obtener la bendición.

Es un día muy importante en nuestra vida cristiana aquel en que reconocemos que Dios nos predestinó para tener la primogenitura y todo coopera para bien, conforme a la soberanía de Dios.

En el caso de Jacob, aunque él obtuvo la primogenitura, no la disfrutó hasta que fue transformado de un suplantador y alguien que ase el calcañar en un príncipe de Dios.

Después que Jacob fue transformado y maduró, disfrutó la primogenitura y la  bendición. Entonces todo cuanto hizo fue bendecir a todos: Bendijo al faraón (el gobernante del mundo en esa época), bendijo a todos sus hijos de una manera particular, profiriendo una palabra profética con bendición.

Este es nuestro destino: Seremos trasformados y maduraremos para disfrutar la primogenitura y bendecir a todos a nuestro alrededor con el Dios Triuno, según lo que cada uno necesite para su crecimiento en la vida divina para el edificio de Dios. Sin embargo, necesitamos estar alertas con respecto al menosprecio de la primogenitura (como hizo Esaú) y de perderla (como hizo Rubén). Necesitamos cuidarnos de la contaminación y ser las personas apropiadas en la economía de Dios para que la primogenitura sea nuestra y no pase a alguien que haya escapado de la contaminación (como José hizo).

Recibir la primogenitura depende de la predestinación de Dios y Su soberanía 

Recibir la primogenitura depende de la predestinación de Dios y Su soberanía

Recibir la primogenitura depende de la predestinación de Dios y Su soberanía

Dios escogió y amó a Jacob. Él predestinó a Jacob para tener la primogenitura y no hay nada que nadie pudiera hacer para cambiar esto

En todo aquello que ocurrió en la vida de Jacob, Dios fue soberano. Él fue soberano en el menosprecio de Esaú de su primogenitura y en la venta que hizo de ella, en el amor parcial de Rebecca por Jacob, en la ceguera de Isaac cuando dio su bendición, y cuando Jacob recibió la bendición de su padre Isaac.

Los medios que Jacob usó para obtener la primogenitura fueron bajos, malvados y desagradables, y en realidad no necesitaba hacer esta clase de cosas porque Dios lo había predestinado para la primogenitura. Dios fue soberano en todo lo que Jacob, Esaú, Rebecca e Isaac hicieron. Dios llevó a cabo el propósito de Su selección.

Jacob engañó a su hermano para que le vendiera la primogenitura por un plato de lentejas cuando Esaú tenía mucha hambre y entonces manipuló a su padre para que pensara que él era Esaú y le diera la bendición. Jacob maniobró y engañó, pero en realidad esto no era necesario. La primogenitura era suya de todos modos, sin importar lo que sucediera.

Aparentemente Jacob obtuvo la primogenitura al planear todo y suplantar, pero realmente Dios fue soberano al predestinarlo para que tuviera la primogenitura.

Igualmente todos sus planes y maniobras le causaron sufrimiento. Él tuvo que huir de casa, estuvo sometido a Labán por 20 años, no volvió a ver más a su madre y siempre tuvo la impresión de que Esaú lo odiaba y quería matarlo.

Dios en Su soberanía usó toda la planificación y el engaño de Jacob para tratar con él y quebrantarlo para que pudiera ser transformado y madurara para disfrutar la primogenitura.

El hecho de que la primogenitura pasara de Esaú a Jacob nos muestra que ésta NO depende de nuestro nacimiento natural o de nuestros logros, sino de la predestinación y soberanía de Dios.

Disfrutar de la primogenitura en la madurez

Génesis 35:10. Le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino que Israel será tu nombre. Por tanto, llamó su nombre Israel.

Génesis 35:10. Le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino que Israel será tu nombre. Por tanto, llamó su nombre Israel.

Aunque Jacob obtuvo la primogenitura, él no la disfrutó hasta que fue transformado de un suplantador a príncipe de Dios, y alcanzó la madurez (Génesis 32:28; 35:10).

Los medios usados para alcanzar la primogenitura eran despreciables, pero Dios fue soberano. Jacob valoró la primogenitura; quería obtenerla y disfrutarla, pero no la disfrutó hasta después de ser un hombre transformado y maduro.

Después de obtener la primogenitura, Jacob pasó por un largo período en el que fue tratado (bajo Labán, siendo engañado por Labán) y quebrantado (a través de las circunstancias y su familia) para estar listo para ser transformado.

Solamente después de ser transformado de suplantador y ladrón, a príncipe de Dios, fue que él pudo disfrutar y ejercer su primogenitura.

Las manos suplantadoras de Jacob se convirtieron en las manos que bendecían a Israel (Génesis 47:7, 10; 48:15, 20; 49:28). Cuando Jacob fue a Egipto no intentó engañar a otros y obtener cosas para sí, sino que simplemente bendijo a todos. Él no fue a Egipto para robar sino para dar y bendecir.

Necesitamos valorar la primogenitura y buscar su disfrute. No debemos ser pasivos en cuanto a la primogenitura, pensando que Dios ya nos predestinó para tenerla. En lugar de eso, aunque no estemos completamente transformados y maduros en la vida, debemos buscar disfrutarla para poder ejercerla.

¡Señor, valoramos la primogenitura. No podemos vivir, servir, incluso existir sin Tu bendición. Gracias por Tu soberanía al predestinarnos para la primogenitura de disfrutar a Dios, expresar a Dios y representar a Dios. Señor, continúa Tu obra en nosotros y condúcenos hasta el punto en que podamos disfrutar y ejercer la primogenitura plenamente. Transfórmanos en nuestra alma. Confórmanos a Tu imagen. Llévanos a la madurez para poder disfrutar y ejercer la primogenitura completamente!

Advertencia: Ser las personas apropiadas y huir de la contaminación para disfrutar la primogenitura

El primogénito de Jacob, quien debió haber disfrutado la primogenitura, era Rubén, pero éste la perdió porque se contaminó: Durmió con la concubina de su padre, así que profanó su lecho (Génesis 49:3-4).

Aunque Dios quería que Rubén tuviera la primogenitura, éste la perdió. La primogenitura fue pasada a José, quién había huido antes de la contaminación (1 Crónicas 5:1).

Lo que hizo Rubén fue muy grave y perdió su primogenitura. La doble porción de la tierra fue asignada a los dos hijos de José, el sacerdocio a Leví y el reinado a Judá.

Necesitamos estar alertas con respecto a la contaminación. Si nos contaminamos por causa de la fornicación, no recibiremos la primogenitura. Ningún fornicario entrará en el reino milenial para disfrutar de la plenitud del gozo de Cristo, ser un sacerdote de Dios y un rey juntamente con Cristo (1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21; Efesios 5:5).

Para llegar a ser vencedores que ejercen su primogenitura para disfrutar a Cristo y ser sacerdotes de Dios y co-reyes con Cristo, necesitamos permanecer alejados de contaminación.

Necesitamos cuidarnos para ser las personas apropiadas, de otro modo perderemos la primogenitura. En 1 Corintios 6, en Gálatas 5 y en Efesios 5 Pablo enumera las clases de personas que no pueden heredar el reino: Personas profanas, adúlteros, blasfemos, borrachos, etc.

El caso de Rubén no consiste en una sola acción llevada a cabo, sino su persona la que ocasionó que perdiera su primogenitura. Esaú no sólo “vendió su primogenitura”; él amaba al mundo y el entorno físico mundano, y menospreció su primogenitura.

Sí, nuestras acciones son muy importante y debemos velar y estar alertas (ver: Moisés perdió el derecho a entrar en la buena tierra por una acción suya), pero una persona que hace una sola acción todavía tiene esperanza, mientras que alguien que es cierto tipo de persona tiene poca esperanza.

Necesitamos la misericordia del Señor para ser preservados en nuestro comportamiento y el tipo de personas que somos y llegamos a ser. Necesitamos ser aquellos que disfrutamos al Señor y colaboramos con Su trato, Su quebrantamiento y Su transformación, para que seamos las personas apropiadas, aquellos que NO vendemos la primogenitura (como Esaú) y que no nos contaminamos (como Rubén), sino que debemos valorar, disfrutar y ejercer la primogenitura para el propósito de Dios.

¡Señor Jesús, sálvanos de cualquier contaminación y fornicación. Señor, ten misericordia de nosotros, presérvanos y guárdanos para ser las personas apropiadas que puedan heredar la primogenitura y ejercerla. Valoramos nuestra primogenitura para disfrutar a Dios, expresar a Dios y representar a Dios. Señor, queremos colaborar contigo de la mejor manera cada día para ser las personas con las que Tú tratas, que tú quebrantas, trasformas y maduras en la vida divina para disfrutar la primogenitura y ejercerla para Dios!

Read the post in English: “Not Despising or Losing but Enjoying the Birthright we Receive in God’s Sovereignty” on the blog A Normal Believer in Christ.

Referencias e himnos

  • Inspiración: La Palabra de Dios, nuestra experiencia cristiana, el mensaje impartido por el hermano Ron Kangas correspondiente a esta semana y las porciones del Estudio-vida de Génesis, mensaje 68, tal y como está citado en La palabra santa para el avivamiento matutino, semana 5, mensaje 5, “La primogenitura”, a partir del Estudio de cristalización de Génesis (3). Este libro puede ser comprado aquí y aquí.
  • Hymns on this topic:
    # Blest assurance! God has fully ordered / Every matter by His sovereign hand; / Every person (though we see so dimly), / Every thing’s according to His plan. / Every trial is but the Father’s answer / To the groaning of the Spirit’s prayer; / May He gain in every tribulation, / Until we Christ’s glory fully share. (Hymns #1210)
    # By His mercy, we’re selected, / Ours a glorious destiny. / Not by running, nor by willing, / But through God’s own sovereignty. / Once we were wild olive branches, / Now the root and fat partake, / Grafted in, rejoice together, / Growing for the kingdom’s sake. (Hymns #1203)
    # I would cease completely / From my efforts vain, / Let Thy life transform me, / Full release to gain; / Build me up with others / Till in us Thou see / Thy complete expression / Glorifying Thee. (Hymns #841).